Estimado señor, siendo nosotros conocedores de los grandes
logros obtenidos a lo largo de su vida pública, de su innegable locuacidad e impecable
talento en la oratoria y, por supuesto, del masivo aprecio que hacia usted
tiene el pueblo, hemos de hacerle una sutil recomendación para que en los
tiempos que se avecinan no tengamos problemas y que las relaciones que hayamos
que tener se mantengan de la mejor forma. ¿Cuál es la recomendación? Muy
simple: Que su discurso no se atreva a pretender cambiar la realidad de la vida
política y social. ¿Para qué seguir esta recomendación? Más simple aún: para
que pueda usted culminar su carrera sin amarguras ni desazones y mucho menos
complots en su contra.
No nos interesa si es usted de derecha o de izquierda, esa
sobrevalorada división ideológica que parece haber definido la historia del
siglo XX ya no tiene mayor importancia. Figuras tanto de uno como de otro lado
han sido condenadas por las más deshonrosas prácticas, lo que nos lleva a la
conclusión de que tal dicotomía no le sirve ya a los que quieren hacer algo
bueno por este mundo. Por otro lado, es cierto que ninguno de los firmantes de
esta carta estamos interesados en mejorar el estado de las cosas, en lo más
mínimo, y es por eso mismo que la redactamos y se la hacemos llegar. ¿Mayor
claridad? Está bien: Usted puede hablar sobre un cambio en sus discursos, puede
prometerlo incluso, pero no puede pretender que tal cambio ocurra
efectivamente, ni siquiera puede usted hacer algo que propicie tal cambio. La
razón de esto es muy simple: No sólo nosotros no queremos un cambio, casi nadie
en realidad lo quiere. No se extrañe, por favor, es la verdad.
Fíjese bien en las personas, todas están preocupadas sólo
por sus pequeños mundos, por llegar puntuales al trabajo, por complacer a sus
seres queridos, por no gastar más dinero del necesario, por sentirse y verse
bien, etcétera; ¿ha visto a la mayoría de las personas reclamando un cambio?
Jamás, la mayoría sólo se conforma con ver el noticiero de 12:30 y quedarse sin
entender por qué unos campesinos quieren mejores condiciones y por qué el
gobierno le pone tantas trabas al asunto. Saben que eso pasó, pero no saben por
qué, por ende mucho menos van a querer apasionadamente un cambio en el estado
de cosas. Mientras no los toque, no les va a importar.
Nosotros le damos sustento a la mayoría de las personas,
le damos la esperanza de una vida mejor si trabajan más, le damos
entretenimiento todas las noches en sus televisores, le damos la protección
necesaria para que al menos dentro de sus casas se sientan seguros. Ellos,
mientras tanto, nos permiten continuar con nuestros negocios sin mayor
inconveniente. Todos felices, el tan anhelado “orden público” como nunca antes.
Amos y siervos juntos al fin en armonía, pero tales relaciones sólo se logran
porque los siervos no son conscientes de que son tal cosa.
De esa mentira y de unas otras más depende el orden, ¿y
quién es usted para intentar violentarlo? ¿El gran salvador, acaso? Con encender
las mentes de los inconformes no le será suficiente, recuerde que los deseos
incumplidos de las personas que usted dice representar no son los deseos de la
mayoría, al menos no de la mayoría de las personas con relevancia, y mientras
tal sea el panorama, lamento decirle que sus esfuerzos serán inútiles.
Hay que aclarar de paso que esta no es una amenaza para
que usted no se haga al poder, es tan sólo un recorderis para que no olvide con
quienes tendrá que relacionarse y a quienes va a tener que permitirle ciertas
cosas en caso de que eso suceda. Todo esto lo escribimos para que lo tenga
usted en mente, ya que vemos que tiene grandes posibilidades de llegar a ocupar
ese puesto tan importante, y lo que menos queremos es tener relaciones
difíciles una vez usted se halle en esa posición, sabrá usted que tan pronto
se vuelva una piedra en el zapato para nosotros, no habrá dudas sobre la
necesidad de sacarlo del camino.
No siendo
más, le deseamos la mejor de las suertes y esperamos que esta misiva le ayude a
reflexionar sobre sus futuros movimientos, por el bien de todos.
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