miércoles, 11 de junio de 2014

War is Peace, sí señor

Las palabras “Paz” y “Guerra” ya retumban en mis oídos y hasta se aparecen en mis sueños, todo ello gracias a la actual campaña reeleccionista que culminará (Por fin) este domingo. Tienen razón quienes afirman que esta situación es así porque históricamente nos encontramos en un momento crucial (Supuestamente), pero también es cierto que desde que la campaña por la Presidencia inició, la palabra “Paz” se ha prostituido de tal forma que ya nos cuestionamos hasta qué punto es tan cierto todo lo que se piensa sobre ella.

Si me preguntan por el título de este artículo, por mi imagen de encabezado en twitter o por el libro que yo le recomendaría a cualquiera que le guste la literatura y la política, la respuesta será la misma: “1984” de George Orwell. En esta obra, un régimen totalitario gobierna gran parte del mundo y su consigna principal de su partido es “La Guerra es la Paz, la Libertad es Esclavitud, la Ignorancia es la Fuerza”. Quien lea la novela, se hará una idea de cómo funcionaron los más grandes regímenes totalitarios de la historia, a saber, el Nazismo y el Estalinismo.

Sobra decir que en Colombia estamos muy lejos de una situación como la de aquellos días en aquellos territorios, pero en lo que quiero hacer énfasis hoy es en el título de mi reflexión: La guerra es la paz. ¿Por qué el autor se habrá imaginado eso? ¿Por qué lo escribió? ¿No es acaso muy revolucionario? De hecho sí, pero con todo, aunque muchos comunistas hayan tomado como referencia ideológica esta novela, basta darnos cuenta que el panorama ilustrado en ella toma mucho de la Unión Soviética de Iósif Stalin; máximo exponente del comunismo a nivel mundial, para reírnos de estos personajes.

¿Qué pasa entonces? Si el gobernante, si el Gran Hermano de “1984”, junto a todo su aparato estatal, afirma que en el continente todo está muy bien y que la única amenaza está afuera, en aquellos que osan cuestionar su legitimidad, y por ende sólo contra ellos debe dirigirse el repudio ciudadano y el ataque de las fuerzas armadas; tendremos entonces que concluir que ese estado de guerra exterior nos conduce a un estado de paz interior. “Todo está bien aquí, el problema está afuera, en los otros, no nos preocupemos por lo que hacen quienes nos gobiernan, más bien, ataquemos al enemigo”, podría decirse.

Trayendo a contexto lo anterior, es claro que en nuestro país actualmente no estamos en guerra con otros, pero lo que sí existe es una guerra interna entre el Estado y la insurgencia, una insurgencia que a lo largo de las décadas ha perdido toda legitimidad para llegar al nivel del terrorismo más impúdico que se pueda practicar. Sin embargo, el hecho de que esta insurgencia exista, hace que algunos de nuestros caudillos y dirigentes centren sus discursos y su accionar político casi exclusivamente en ella, a tal punto que muchos creen que son el único mal que padecemos.


Sin duda las guerrillas han desangrado el país por varias décadas y son un problema que nos mantiene en el dolor y el atraso, ¿pero será que alguien se ha preguntado por qué surgieron? ¿la desigualdad, la corrupción y la falta de educación tuvieron algo que ver? En efecto han tenido que ver, pero eso no se combate con la misma fuerza con la que se combate a los grupos al margen de la ley, en esos problemas no se centran los gobiernos, pero si son estos los que dieron hace 50 años el origen a un conflicto armado, ¿Qué nos hace pensar que únicamente con el hecho de que se acabe la insurgencia todo va a estar bien? Eso es tan sólo el inicio, pero por algo hay que empezar.

lunes, 19 de mayo de 2014

De los medios y la sagacidad política

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas”. Esta definición, enunciada por George Orwell, resulta bastante temeraria y, si se quiere, revolucionaria. Sin entrar a disertar acerca de su validez ni de su aplicabilidad en la práctica profesional (prácticamente nula para el periodista que quiera vivir tranquilo), quiero referirme hoy al discutible y controversial papel que juegan los medios de comunicación en los temas de interés general, más exactamente, los que se presentan en tiempos electorales.

Con el argumento de que el periodismo tiene que ser objetivo y describir las cosas tal como suceden, los medios presentan diariamente una serie de situaciones que muy pocos espectadores entienden, pero sobre las cuales opinan y debaten como si tuvieran total claridad. No estudio periodismo pero me doy cuenta que ello es así porque gran cantidad de las noticias diarias tratan temas judiciales, temas que sólo podrá entender quien sepa de leyes pero que son presentados sin ninguna profundidad y con un sensacionalismo que enardece al público y lo hace insultar y formarse ideas equivocadas de los problemas.

Si lo jurídico es delicado, imagínense lo político. Nada más hay que ver cómo la rivalidad en este campo termina pareciéndose mucho a la rivalidad entre equipos de fútbol o cantantes de vallenato. Muchos de los partidarios de un determinado político ven a éste como un dios, critican a los que lo contradicen y, lo más triste, renuncian a la razón para convertirse en predicadores incondicionales de una ideología y de un modo de actuar que aunque tengan su lado positivo, pueden también tener uno negativo.

La política es noticia, claramente, puesto que de no serlo rompería con el principio de publicidad que debe rodear toda la actividad pública, ¿pero debe la noticia ser instrumento de la política? Aunque no es lo que se desea, en la práctica es lo que se da. Siendo ingenuos, podemos decir que los medios caen en el juego de los políticos al hacer noticia con muchas de sus actuaciones, dándoles fama a estos; pero siendo escépticos, podemos decir que los medios se hallan al servicio de los políticos, en lo que termina siendo una guerra de improperios y calumnias que, paradójicamente, beneficia a estos últimos.

Los medios de comunicación son el terreno más propicio para la contienda electoral, los candidatos lo saben y algunos sacan provecho de esto montando una obra de teatro que fascina a la mayoría y escandaliza a unos pocos. Se trabaja con números, obviamente, así que no importa cuántos estén hastiados de la política belicista y revanchista en tanto no sean mayoría. Para su fortuna, la mayoría sigue distraída y encantada con esta forma de ejercer la democracia.

Ya ni siquiera se trata de si las afirmaciones hechas por un candidato en contra de otro son ciertas o no, sino del hecho de que quien afirma no tiene la más mínima autoridad moral para hacerlo, pero lo hace y la gente lo apoya, así que en realidad este personaje sí sabe hacer política en su país, no cabe la menor duda. Señor lector, piense usted un momento como político y dígame, si sus reprochables actuaciones son apoyadas por un considerable número de ciudadanos y lo ayudan a usted a mantener su poderío, ¿dejaría usted de realizarlas por el hecho de que son reprochables? Si su respuesta es un sincero Sí, lo felicito, pero déjeme decirle que no llegará lejos en la vida pública de nuestro país, Colombia.


“Usted no se preocupe por esos votos, más bien póngase a pensar en el próximo escándalo que le vamos a mostrar a los medios para que tengan material que pasar”, me imagino que esa es la forma de proceder para quien pretenda llegar a la Casa de Nariño. Nadie ha dicho que es ético pensar así, pero sí es válido si se es candidato a la presidencia y se tiene en cuenta que eso a la gente le gusta. ¿En qué termina siempre la cuestión? En que el problema está en nosotros. No se trata de echarle la culpa a Caracol, a RCN, a Uribe o a Santos; ellos están luchando por lo suyo, pero usted ¿aun sigue cayendo incauto o ya se dio cuenta de que lo que digo es cierto?

jueves, 27 de febrero de 2014

Votar para vivir

Recordé hoy que el próximo fin de semana serán las elecciones y por ende habrá ley seca. ¡Qué tristeza! ¿Qué haremos ahora? Yo, por mi parte, les compartiré esta reflexión que me parece muy pertinente en estas fechas.

Si tenemos claro que el voto es una de las más representativas manifestaciones de lo que se conoce como Democracia, llegaremos a dos conclusiones: Primera, que el voto popular es una cuestión seria y que como derecho debe ser ejercido de manera consciente para que todo este tema del interés general sea real y efectivo; y segunda, que los que aún creen que en Colombia hay una democracia respetable están muy lejos de la realidad, ya que lo que aquí hay es una versión bastante triste de esta forma de gobierno.

Todos los candidatos se presentan con unos programas y unas tesis que le dan fundamento a su discurso, ¿Pero quién los lee y los critica? ¿Acaso será la mayoría de la población votante? Por supuesto que no. Los dichosos programas que los aspirantes presentan al momento de lanzarse a la contienda electoral no son la principal razón por la que la gente decide votar por este y no por aquel, y aunque no voy a llegar al extremo de decir que esos planes de gobierno no son más que una sarta de mentiras con una apariencia bastante formal y esperanzadora, sí voy a afirmar que la verdadera razón por la que la mayoría de las personas vota por un candidato X es más sencilla de lo que se cree. ¿Cuál es, entonces, la razón? Muy simple: uno vota por el candidato que más le ofrece beneficios a uno y a los suyos.

¿Beneficios personales? ¿De eso se trata todo? Sí, de eso se trata, eso es lo que mueve la maquinaria política tradicional: La necesidad personal que es posible satisfacer mediante los beneficios que, de salir electo, podrá brindarnos nuestro amigo candidato. ¿Por qué son tan pocos los que rechazan esto? Porque en este país de pocas posibilidades, el ciudadano necesitado se conforma con unas migajas que mitiguen el hambre suya y de su familia. Y eso no se critica, pues tiene todo el sentido del mundo, el hambre mitigada rápidamente es más atractiva que alzar la voz en contra de la tradición de nuestra política “democrática”.

Pensemos en que la necesidad de los miles de ciudadanos por tener mejores condiciones de vida desapareciera, pensemos en que el destino de las personas de precaria situación económica dejase de depender de su participación en el sistema político, ¿Qué pasaría? Pasaríamos de pensar en las demandas básicas para nuestro sostenimiento a pensar en cuestiones trascendentales, en darle el verdadero sentido que la política merece, no el de simple negocio disfrazado de actividad virtuosa y altruista; puesto que así es como es en la actualidad, casi todo está asegurado para el que tiene los medios económicos.


Es una situación compleja, no hay una verdadera libertad de voto, no la hay para mi, probablemente para ti tampoco. Quizás aquella persona desvinculada de la política sí tenga plena autonomía al momento de escoger al candidato que prefiera, pero muy seguramente no le interesa y hará caso omiso a estos eventos que se presentan cada 4 años. Más allá de cualquier invitación a votar a consciencia (que sería hipócrita en demasía), esta es una invitación a reflexionar sobre algo que parece muy simple, pero que no lo es. Reflexionar individualmente podría ayudar a un cambio dentro de algún tiempo.

domingo, 12 de enero de 2014

Visión artística del mundo capitalista

Cuántas canciones alegres y cuántas canciones tristes podemos escuchar en las emisoras de radio, cuántos artistas nacionales e internacionales podemos tener en nuestro reproductor de música, cuántas expresiones de las más extravagantes corrientes podemos descubrir si de verdad nos interesamos en la movida y, claro está, tenemos acceso a internet.

La génesis de la creación de una obra de arte es el sentimiento y el deseo de expresarlo; más allá de si es bueno o malo, noble o bajo, trascendental o frívolo; toda obra nace de la necesidad de expresar un sentimiento o pensamiento previamente concebido en lo más profundo de quien la compone. La literatura, la música, la pintura, el cine y las demás formas de expresión artística abarcan todo lo humano y lo que su capacidad sensible traiga, desde sentimientos de amor comunes en todos nosotros hasta pensamientos del más complejo raigambre filosófico encapsulados en pretenciosas manifestaciones escritas.

¿Cómo se estimulan en el artista esos pensamientos que son la materia prima de su obra? No es para nadie un secreto que los más célebres nombres del mundo del arte han sido individuos con una sensibilidad mayor de la común, pero esa bella cualidad no sería nada sin las circunstancias o eventos que los rodean. Picasso nunca hubiera pintado su “Guernica” si no hubiera sucedido la Guerra Civil Española, Baudelaire nunca hubiera escrito “Las flores del mal” sin el apogeo de ese estilo de vida burgués lleno de moralismos que él odiaba, y así, tantos otros ejemplos pueden haber de cómo el desarrollo social influye directamente en las directrices artísticas.

Es cierto que no todo el arte tiene un compromiso social, pero también es un hecho que no habría tanta variedad de estilos sin unas circunstancias y momentos históricos que los estimulen y les den dirección. Puede encontrar uno cosas bastante aristocráticas y complejas, pero también otras muy populares y sencillas. ¿Por qué Borges escribe tantas cuestiones abstractas y enreda al lector en indescifrables laberintos metafísicos? Porque Borges fue un argentino que tuvo la fortuna de educarse en Suiza, lejos del malestar político de su tierra natal. Ciertamente, no se puede decir lo mismo de Neruda, que militó en el Partido Comunista de Chile y murió en el golpe de estado encabezado por Pinochet.

La pregunta que quiero plantear es: ¿Será eso posible en un mundo unificado, un mundo donde no se le dé libertad al individuo para que, así sea vagamente, pueda decidir qué pensar, qué decir y qué hacer? En la sociedad capitalista, más allá de los males que obviamente tiene, es donde más cerca se puede estar de todo tipo de libertades y, para lo que concierne a esta reflexión, de la libertad de expresión. Con el sueño comunista de la inexistencia del Estado y de la propiedad privada junto a las mismas condiciones de vida para todos, ¿será que se puede esperar una abundante variedad de pensamiento y de expresión? Es claro que no, la historia misma lo evidencia, todos los estados de esta tendencia degeneran en oscuras tiranías que cortan de raíz todo lo que sea diferente, todo lo que se manifieste en su contra.

Eso suena verdaderamente triste. El mundo capitalista occidental tiene muchos puntos negros, pero es sin duda el más inspirador de todos porque incita a ambicionar algo, a querer hacer cosas magníficas, cosas que en otro tipo de organización social es un escándalo siquiera imaginar. Actualmente, los que quieren alardear de su riqueza hacen canciones con líricas y videos musicales en los que muestran que ellos tienen más que nosotros; pero a su vez, los que están hartos de la desigualdad y la injusticia hacen sonar su voz de todas las formas posibles, siendo el arte una de las más sublimes. En un mundo donde no haya nada que desear y donde querer ser el más sabio, el más bello o el más poderoso esté prohibido, el arte genuino está condenado a desaparecer.


Hay que dar gracias por la pluralidad de expresiones y no permitir que jamás nos recorten el derecho a expresarnos libremente, puesto que todos esos libros, todos esos discos y todas esas películas que tanto amamos fueron producidos la mayoría en ese ambiente de plena libertad para manifestar lo que se desea. Sólo en un mundo donde se respeten estas cuestiones, así sea de forma ineficiente o hipócrita (no importa), se podrá mantener ese sentido estético que tiene la vida.

martes, 31 de diciembre de 2013

La verdad.

Sabemos muy bien que uno no puede decir siempre la verdad. Ellos querían que yo la dijera, pero es simplemente imposible. Nadie dice siempre la verdad. La verdad, ¡qué gran tesoro! ¿Hay que recordar cómo las religiones han vertido toneladas de sangre a través de los siglos porque dicen tenerla? Creo que no, pero así como se dice que la verdad es algo que muchos buscan diariamente en las páginas de complejos libros, hay que decir otra cosa sobre la verdad: Es excepcional. Son más las veces que uno miente que las que dice la verdad.

En los negocios no se dice la verdad, en la política no se dice la verdad, en la vida familiar no se dice la verdad, y así en casi todos los campos de la vida humana. Ya dirán algunos que en realidad uno sí dice la verdad, sólo que a medias; ¿pero qué es decir la verdad a medias? En mi opinión, es no decirla en absoluto. Sólo en algunas partes podemos encontrar verdad pura. En el arte, por ejemplo, se pueden encontrar las verdades más bellas y trágicas de la vida humana, dichas sin rodeos por el creador de la obra, quien al hacerlo se libera pero a su vez se expone al rechazo y a las acusaciones por parte de las personas a las que el mensaje llegue.

Es quizás en el arte genuino donde se puede decir la verdad sin vacilaciones, sin restricción, todo por un sentido estético que busca tocar las fibras más finas de nuestro ser. En el arte real, claro está, en el arte desinteresado, no en el banal entretenimiento hecho con fines comerciales, no en esas canciones donde quien escribe la letra y quien la canta son personas diferentes, unidas sólo por un contrato, ¿qué verdad puede haber ahí? Esos son puros negocios, en los que como ya dije, no es usual decir la verdad. Así las cosas, podemos decir que ni siquiera en todo tipo de arte se puede decir la verdad.

Pocos son los que le dicen al jefe que lo odian y que a la mierda con la puntualidad y el buen servicio al público, pocos son los que llegan donde el mal profesor a decirle lo aburrida e inútil que es su clase y lo tortuoso que es cada minuto de esta, pocos son los que mandan a callar a sus amigos cuando empiezan a contar historias que sinceramente no les interesan, pocos son los que dejan su estado de malsana comodidad para luchar por una causa noble que sin duda es arriesgada. En fin, son muy pocos los verdaderamente sinceros, pero en esta sociedad de valores trastocados eso es apenas normal, no hay nada de extraño en que la mayoría de nosotros hagamos parte de esto, la mayoría de veces hasta inconscientemente.


Siendo así, vemos que la verdad es excepcional y es peligrosa, algunos dicen que la verdad nos hará libres, pero bueno, cada quien con sus creencias, yo por mi parte veo más posible el hecho de que termines preso por decir la verdad, o muerto.

martes, 17 de diciembre de 2013

Carta abierta de la élite al líder popular.

Estimado señor, siendo nosotros conocedores de los grandes logros obtenidos a lo largo de su vida pública, de su innegable locuacidad e impecable talento en la oratoria y, por supuesto, del masivo aprecio que hacia usted tiene el pueblo, hemos de hacerle una sutil recomendación para que en los tiempos que se avecinan no tengamos problemas y que las relaciones que hayamos que tener se mantengan de la mejor forma. ¿Cuál es la recomendación? Muy simple: Que su discurso no se atreva a pretender cambiar la realidad de la vida política y social. ¿Para qué seguir esta recomendación? Más simple aún: para que pueda usted culminar su carrera sin amarguras ni desazones y mucho menos complots en su contra.

No nos interesa si es usted de derecha o de izquierda, esa sobrevalorada división ideológica que parece haber definido la historia del siglo XX ya no tiene mayor importancia. Figuras tanto de uno como de otro lado han sido condenadas por las más deshonrosas prácticas, lo que nos lleva a la conclusión de que tal dicotomía no le sirve ya a los que quieren hacer algo bueno por este mundo. Por otro lado, es cierto que ninguno de los firmantes de esta carta estamos interesados en mejorar el estado de las cosas, en lo más mínimo, y es por eso mismo que la redactamos y se la hacemos llegar. ¿Mayor claridad? Está bien: Usted puede hablar sobre un cambio en sus discursos, puede prometerlo incluso, pero no puede pretender que tal cambio ocurra efectivamente, ni siquiera puede usted hacer algo que propicie tal cambio. La razón de esto es muy simple: No sólo nosotros no queremos un cambio, casi nadie en realidad lo quiere. No se extrañe, por favor, es la verdad.

Fíjese bien en las personas, todas están preocupadas sólo por sus pequeños mundos, por llegar puntuales al trabajo, por complacer a sus seres queridos, por no gastar más dinero del necesario, por sentirse y verse bien, etcétera; ¿ha visto a la mayoría de las personas reclamando un cambio? Jamás, la mayoría sólo se conforma con ver el noticiero de 12:30 y quedarse sin entender por qué unos campesinos quieren mejores condiciones y por qué el gobierno le pone tantas trabas al asunto. Saben que eso pasó, pero no saben por qué, por ende mucho menos van a querer apasionadamente un cambio en el estado de cosas. Mientras no los toque, no les va a importar.

Nosotros le damos sustento a la mayoría de las personas, le damos la esperanza de una vida mejor si trabajan más, le damos entretenimiento todas las noches en sus televisores, le damos la protección necesaria para que al menos dentro de sus casas se sientan seguros. Ellos, mientras tanto, nos permiten continuar con nuestros negocios sin mayor inconveniente. Todos felices, el tan anhelado “orden público” como nunca antes. Amos y siervos juntos al fin en armonía, pero tales relaciones sólo se logran porque los siervos no son conscientes de que son tal cosa.

De esa mentira y de unas otras más depende el orden, ¿y quién es usted para intentar violentarlo? ¿El gran salvador, acaso? Con encender las mentes de los inconformes no le será suficiente, recuerde que los deseos incumplidos de las personas que usted dice representar no son los deseos de la mayoría, al menos no de la mayoría de las personas con relevancia, y mientras tal sea el panorama, lamento decirle que sus esfuerzos serán inútiles.

Hay que aclarar de paso que esta no es una amenaza para que usted no se haga al poder, es tan sólo un recorderis para que no olvide con quienes tendrá que relacionarse y a quienes va a tener que permitirle ciertas cosas en caso de que eso suceda. Todo esto lo escribimos para que lo tenga usted en mente, ya que vemos que tiene grandes posibilidades de llegar a ocupar ese puesto tan importante, y lo que menos queremos es tener relaciones difíciles una vez usted se halle en esa posición, sabrá usted que tan pronto se vuelva una piedra en el zapato para nosotros, no habrá dudas sobre la necesidad de sacarlo del camino.

No siendo más, le deseamos la mejor de las suertes y esperamos que esta misiva le ayude a reflexionar sobre sus futuros movimientos, por el bien de todos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

La Necesidad, ¿quién la padece? ¿a quién le conviene?

¿Quién va a pensar en moral y en ética cuando se tiene la apremiante necesidad de alimentarse a sí mismo y a la familia? Esas difíciles teorías se las dejamos a Kant y sus amigos, eruditos de siglos pasados, porque a lo que a nuestro pueblo concierne, las necesidades primarias se denominan así porque van antes de cualquier tipo de reflexión o estudio, son simples requerimientos físicos que no dan espera y nos pueden llevar en determinado punto a actuar de forma reprochable.

Afortunados aquellos pensadores que podían pasar meses e incluso años en casas de retiro preguntándose por el sentido de la vida, por el ser y el no-ser, por todas aquellas cuestiones inalcanzables para las mentes de la mayoría, y aunque no hay que negar que algunos de esos personajes son los más eminentes de la historia, ellos se lo deben en gran parte a la condición privilegiada de la que gozaron toda su vida.

Ahora bien, ¿se le pueden exigir tales brillanteces intelectuales a una persona de a pie? Claramente no. No se puede negar que uno siempre puede llevarse la sorpresa de encontrar mentes prodigiosas en lugares donde la esperanza de hallarlas es mínima, pero esas son excepciones muy escasas. La necesidad es urgente, la madre cabeza de hogar que pueda ver un poco más allá de sus narices no dudará mucho en enrolar a su hijo en las fuerzas armadas o en la policía nacional para así evitarse la decepción de tener que cargar en un futuro con un delincuente o drogadicto. Ella sabe que no pasará mucho tiempo para que su criatura tome tales pasos, así que la fuerza pública parece la solución adecuada.

Al igual que la madre cabeza de hogar de aquel pobre barrio, la mayoría de las personas actuamos movidos por la mera necesidad, nos vendemos como mercancía inerte a las estructuras de poder (el aparato estatal y las empresas privadas) y olvidamos cualquier tipo de idealismo que alguna vez haya pasado por nuestra cabeza. Hace años mis viejos se vendieron, ayer un amigo me contó que se vendió, seguro mañana yo me venderé. La mayoría de gente que se vende empieza a sentirse satisfecha cuando ve que su sacrificio es compensado con ascensos, honores o retribuciones extras, las cuales seguramente utilizará para endeudarse y así, ayudar a que se enriquezcan las avaras corporaciones que nos dominan a punta de créditos y ofertas tramposas.

Poder público y poder privado viven unidos en perniciosa alianza, han coexistido por décadas puesto que los intereses de quienes representan tales poderes no son muy diferentes unos de otros, cuando en efecto deberían serlo. Ninguno de los dos es benévolo, tan sólo tienen consigo una serie de facultades y prerrogativas que les permiten reglar y dominar la vida de los hombres, de esa manera mantienen al individuo promedio en una especie de feliz prisión, en la que este se ve obligado a desenvolverse durante toda su vida porque confía en que quienes administran y vigilan lo hacen por amor al prójimo o porque hicieron méritos para ello.

Así pues, la Necesidad aparece como la materia prima que los poderes público y privado usan para dominar a la población y sostener el Sistema. Antes de terminar, unos ejemplos:

1.      En un país maleducado e inculto, el crimen es el pan de cada día, lo que lleva a las autoridades y a la misma comunidad a pensar que la Necesidad urgente es aplicar más fuerza para reprimir a quienes alteran el orden público.
2.      Cada cuatro años, hombres de la más alta alcurnia aseguran que si los elegimos, tendremos el más prometedor de los futuros, y con la Necesidad rebosante del pueblo, estos personajes toman incautos a sus electores y se hacen a un rentabilísimo negocio: la Política.1.       
3.      La persona que por fin; luego de casi 20 años de estudios, consigue un trabajo y un salario decente, es abordada de inmediato por empresas de todo tipo para que consuma, consuma y no deje de consumir. Si no tiene dinero, no importa, se le ofrece todo tipo de formas de pago para que viva endeudado el resto de su vida. Pero recuerde: la Necesidad (creada por las mismas empresas y auspiciada por los medios) de atiborrarse de objetos y así poder lograr buenas impresiones en sus frívolas amistades, es ahora la Más Importante, ¡No importa si usted es un idiota!