lunes, 12 de agosto de 2013

Derecho y opinión pública basada en la ignorancia

“Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Esta frase de Einstein, aunque trillada, resulta conveniente para lo que comentaré a continuación, ya que es la base sobre la que debemos partir y es una tesis muy acertada, a juzgar por el limitadísimo conocimiento que las personas promedio adquirimos en el transcurso de nuestras vidas.

Ordinariamente, una persona común se desarrolla en un área específica del conocimiento y lo hace generalmente para poder desempeñarse de manera idónea en el ámbito laboral. En realidad son minoría las personas que dedican su vida al conocimiento puro, por el amor hacia este y el deseo de adquirirlo de la forma más perfecta; esto, por supuesto, es mucho más palpable en Colombia, donde la educación no es ni de lejos una prioridad. Así las cosas, generalmente es sólo en un campo donde las personas se desenvuelven más o menos bien, teniendo posiblemente escasos conocimientos de otras áreas, pero en todo caso ignorando en absoluto la gran mayoría de estas.

Yo, que me estoy educando en el derecho, entiendo cada vez más todas las situaciones y procedimientos que a diario los medios masivos de comunicación exponen de manera superflua y, casi siempre, sensacionalista. Al escuchar la precaria presentación que los medios realizan de los procesos judiciales, los escándalos de corrupción, y demás, mi primera reacción es de risa; pero luego, se vuelve una triste indignación al percatarme de la idea tan equivocada y perjudicial que estos reportes le ofrecen a la comunidad en general, porque como es obvio, no todos conocen el derecho ni entienden los procedimientos.

Yo no sé nada de ingeniería, de ninguna, no sé cómo se establece una red informática ni cómo se construye un puente; pero un ingeniero, que probablemente no sabe nada de derecho, no tendrá idea de cómo se desarrolla un proceso penal. Si a una persona ajena a los saberes jurídicos le dicen: “Juez deja en libertad a joven que en estado de embriaguez mató a dos mujeres” y no le explican nada más, lo más lógico es que lance improperios de tipo “A ese juez lo compraron”, “La justicia es para los pobres” y muchos otros más deshonrosos que, para nuestro pesar, tienen alguna validez gracias a los dos mayores vicios de la administración de justicia de nuestro país: ineficiencia y corrupción.

Si bien es cierto que estas dos características se presentan en los procesos judiciales más de lo que deberían, no es menos cierto que la mayoría de las decisiones de las autoridades  tienen un fundamento legal. El hecho de que no le apliquen medida de aseguramiento en centro carcelario a un joven que conduciendo ebrio mató a dos personas (esta es una medida que el fiscal solicita al juez cuando el indiciado representa un peligro para la sociedad) tiene unas explicaciones de índole netamente jurídicas y específicas para cada caso, pero esto JAMÁS quiere decir que el sujeto quedó libre y el proceso ha finalizado, es sólo que no estará en prisión mientras éste se desarrolla.

Para alguien que conozca la ley y tenga criterio, esto es muy claro y no representa mayor dificultad, pero ¿será que todos se encuentran en tales condiciones? La respuesta es claramente negativa, no sólo desconocen por completo estas situaciones sino que, prejuiciados por la mala fama que la justicia colombiana se ha ganado a través de la historia, critican impávidamente todas sus movidas, respaldados a su vez por la gran mayoría de personas que opinan igual.

El problema de los asuntos jurídicos y la opinión pública es precisamente ese, que diariamente son estas cuestiones las que se tratan en los noticieros, pero no de una forma seria y pedagógica, sino de un modo novelesco y sensacionalista, que busca excitar de inmediato las emociones de los que no manejan esa temática. Para lo único que sirve ese modo de exponer noticias es para aumentar el reproche social hacia la Justicia y hacia quienes sirven (o deberían servir) a ella. Jamás se le enseña al individuo común a entender lo que se le muestra ni a interpretar lo que dé lugar a ello, sólo se le enseña a tragar en seco todos esos contenidos que no entiende, a que no cuestione nada y a que salga a la calle a repetir como loro informaciones incompletas y opiniones ajenas.

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