Muchas veces el librepensamiento puede conducir a una
manifiesta hostilidad hacia las doctrinas que propugnan un hermetismo mental,
herederas de siglos pasados donde el monopolio intelectual y espiritual estaba
en cabeza de la institución más corrupta e hipócrita de la historia: la
iglesia. En aquella época esto era lo que imperaba; pero actualmente, gracias a
los inimaginables esfuerzos de algunas mentes ilustres; esto dejó de ser lo
comúnmente aceptado.
Hasta en un país tan conservador y católico como Colombia
podemos escuchar voces abiertamente en contra de aquellas posturas retrógadas
que, sumándoles el ostensible poder de quienes las manifiestan, llegan
fácilmente a convertirse en estándares sociales impuestos a manera de leyes, lo
que les hace poseer clara legitimidad. Estas voces opositoras de las que hablo,
cada vez penetran en más mentes y hacen lo propio: las abren.
Saber esto es un gran aliento. Quienes somos partidarios
de la contradicción, del debate y del pluralismo, estimamos mucho estas
manifestaciones y cuando tenemos noticia de alguna de ellas decimos: “hay más
gente pensando”. Sin embargo, esto no puede ser en ningún momento motivo para
bajar la guardia, puesto que si bien es cierto que estas posturas divergentes
cada día se infiltran en más mentes, no es menos cierto que a pesar de todo lo
debatido, luchado y demostrado, los que
pensamos diferente seguimos siendo menos.
Estamos en el 2013 y seguimos siendo minoría, esto es un
hecho y una gran ventaja para las mentes conservadoras. Cuando hablo de mentes
conservadoras no me refiero a los miembros del Partido Conservador solamente,
sino a todos aquellos que, sin importar el partido en el que militen, poseen
una mente hermética. Estos personajes son mayoría y los que dentro de sus
grupos ostentan el poder, tienen a su servicio a esa masa amorfa de personas
desprovistas de cualquier criterio propio y herederas del pensamiento
inquisidor de la Edad Media. Es en esta cuestión, y en ninguna otra, donde
reside la ventaja del pensamiento conservador.
Teniendo esto claro, es apenas obvio que en el sistema
democrático que nos rige, las decisiones
políticas sean casi siempre predecibles e indeseadas para todos aquellos que
tienen memoria histórica; lo cual parece ser una excepción frente a la gran
mayoría de amnésicos que en nuestro país viven. Todas estas posturas, juicios y
determinaciones que en ocasiones los librepensadores despreciamos, poseen una
caudalosa aceptación por parte del común de la sociedad colombiana, y es esto
lo que les da la firmeza que necesitan para mantenerse en pie a pesar de todo.
El problema no es de los políticos, el problema es de todos nosotros, sociedad
mansa.
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